En las clases de seguridad privada, hablamos sobre el sentimiento de seguridad/inseguridad que tenemos las personas y me hace reflexionar sobre varios aspectos.
La sensación o sentimiento de seguridad e inseguridad es una valoración totalmente subjetiva que realiza cada persona en una situación determinada. Dos personas pueden estar viviendo la misma situación y para una puede ser potencialmente peligrosa o de riesgo y para otra no serlo. Por tanto, dependerá de mis experiencias y aprendizajes, valores y prejuicios.
¿Que cosas, personas o situaciones nos hacen sentir inseguros? Aquellas que nos hacen sentir que no tenemos el control, aquellas que nos hacen salir de nuestra zona de confort, y nos requieren un esfuerzo adicional para adecuarnos a los requerimientos del entorno.
La zona de confort nos permite clasificar y ordenar nuestro entorno y los estímulos masivos que recibimos constantemente. Nos permite realizar precesos relativamente complejos, basándonos en los conocimientos adquiridos, memorizarlos y automatizarlos.
Salir de nuestra zona de confort nos cuesta un esfuerzo que bien canalizado se puede convertir en nuevo aprendizaje. Pero si no somos capaces de orientar adecuadamente esta salida de la zona de confort es cuando nos sentimos inseguros, con miedos, ansiedad, fobias, pánico, etc.
Es entonces cuando solemos adoptar conductas raras, empezamos a evitar ciertas situaciones, personas o cosas. Por ejemplo, si he salido a la calle un día que no me encuentro bien, tengo febrícula, estoy cansado, un poco mareado y destemplado (tan pronto tengo frío como de puedo tener calor, sin motivo externo) y a pesar de todo, me voy a trabajar, a comprar, etc. Entro en un centro comercial, y empiezo a fijarme que no me encuentro muy bien, se me hace pesado estar mirando escaparates y además estoy muy preocupada con mis problemas y estoy todo el rato pensando que lo que hago no me gusta y que nada me llena y que encima no soy capaz de cambiar mi vida, que no soy capaza de dirigirla como yo quisiera, que no soy capaza de nada, que en realidad he fracasado en la vida porque solo tengo un trabajo que me pagan poco y tengo que trabajar muchas horas......
Si se dan las condiciones idóneas, con estos pensamientos, en un entorno como un centro comercial en el que puede haber mucha gente, con un componente fisiológico, puedo desarrollar un miedo a entrar en lugares dónde haya mucha gente, porque no me siento segura.
Los hábitos saludables que nos pueden ayudar a evitar estas y otras situaciones parecidas están relacionados con cuidarnos tanto física como psicológicamente:
- Resolver nuestros conflictos, orientándonos a encontrar soluciones, dirigidos a una acción y con un objetivo concreto.
- Controlar nuestros pensamientos cuando entramos en fase de autodestrucción
- Saber relajarnos y no asustarnos si nos encontramos mal físicamente en un entorno que es difícil que alguien nos pueda ayudar (si hay mucha gente, si es un lugar cerrado que no se puede pedir ayuda externa....).
- Saber que podemos pedir ayuda, aunque nos de vergüenza o tengamos miedos.
- Darnos cuenta de cómo hemos llegado a esa situación y que podemos hacer para mejorarla.
¿Te has encontrado en la necesidad de salir de tu zona de confort en el último mes?
Salud psicológica y bienestar emocional, de forma sencilla, para afrontar más saludable el día a día. Hábitos emocionales saludables, coaching para el crecimiento personal.
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miércoles, 2 de mayo de 2012
miércoles, 5 de octubre de 2011
Prejuicios
Los prejuicios y las creencias son aspectos necesarios en
nuestras vidas porque nos protegen de las situaciones nuevas, de las personas
que no conocemos y nos ayudan a crear patrones y ordenar la diversidad de
estímulos que nos rodean constantemente. Pero si nos dejamos llevar por ellos
ciegamente, podemos cometer graves errores,
perder oportunidades, generar conflictos y sobre todo crearnos malestar
al no ser capaces de aceptar la realidad que nos rodea.
Los prejuicios, las creencias, las experiencias, los
valores, los hábitos, son elementos que guardamos en nuestra mochila particular
y tiñen de un color u otro, todos nuestros actos, conductas y emociones.
Frases como “siempre hay que estar al 100%”, “la casa
siempre tiene que estar limpia y recogida”, “tengo que dar mucho amor para que
me quieran”, “si no hago lo mismo que ellos pensarán que soy raro”, “no puedo
soportar estar solo”, “si me deja me moriré”, “tengo que ser perfecta para dar
ejemplo”, “no necesito la ayuda de nadie, yo solo puedo con todo”, marcan
nuestra vida y muchas veces nos hacen profundamente infelices, por no decir que
nos hacen caer en la enfermedad.
Ser tolerante con
los demás es beneficioso porque nos
ayuda a ejercitar la capacidad de aceptar que no todo el mundo tiene porqué
actuar o pensar como uno mismo.
La flexibilidad
nos ayuda a adaptarnos a esa diversidad, permite que exista una gama de colores
en lugar de que exista el blanco y el negro únicamente.
La empatía
podemos utilizarla para saber cómo piensan y sienten los demás, afectando y
cambiando el color del cristal con que se mira una realidad.
No sólo el mundo sería mucho mejor si todos practicáramos
estos hábitos emocionales tan saludables, si no que nosotros seríamos más
felices, ya que estaríamos en mejorada armonía con nuestro entorno social.
Aceptemos pues, que somos animales sociales y que nuestra
realidad es la que es. No esperemos que nadie venga a salvarnos ni a hacernos
felices, porque el cambio siempre se da desde dentro de cada uno de nosotros.
Por cierto, nadie dijo que fuera fácil ;-)
jueves, 22 de septiembre de 2011
Las ventajas de la rutina
Cuando
volvemos de las vacaciones de verano,
toca volver a la rutina. Es el peor momento para plantearse inmediatamente
nuevos retos, es mejor que hayamos entrado en la rutina, que nos hayamos
acostumbrado a los horarios, a las comidas, al ritmo acelerado, pocas horas de
sueño, alimentación rápida, etc.
Una vez
estemos acostumbrados al ritmo que llevaremos en los próximos meses, es cuando
podremos decidir cuando tenemos tiempo libre, deberemos valorar cuanta energía
necesitaremos para la nueva actividad, podremos planificarla e incluso probarla
unos meses.
Si somos
capaces de adaptarla a nuestra rutina, podremos establecerla como una actividad
fija. Si no es así, quizá hemos de cambiar el horario, el día, o el lugar, o
incluso la actividad.
Dicho así
parece que hay que hacer demasiadas cosas antes de hacer nada, pero es un
hábito que vale la pena cultivar ya que nos podemos ahorrar frustraciones,
dinerito, y esfuerzos. Me refiero sobre todo a actividades como ir al gimnasio,
apuntarse a clases de inglés, que lo percibimos como algo necesario, aunque no
siempre nos apetece mucho hacer. Es mejor buscar la actividad que se adapta a
nuestra forma de ser y ritmo.
Cuando
hablamos de enfrentarnos a nuevas
situaciones laborales, familiares, sociales, lo ideal es poderlas preparar,
asimilar e incluso visualizar, pero si no puede ser, es posible que nos cueste
afrontarlas porque lo primero que nos va a pasar es que vamos a sentir miedo.
Miedo al cambio, miedo a las cosas nuevas, miedo a salir de nuestra zona de
confort, miedo a no controlar la situación, a las críticas, a perder comodidad,
a tener que esforzarnos más,
La forma de
afrontar el miedo es “ir hacia el”, o sea, hacer justamente aquello que te da
miedo, incluso se utiliza para el tratamiento de las fobias de forma controlada
(desensibilización sistemática). Aunque una forma más sencilla de enfrentarte a
lo que te da miedo, es saber porqué te da miedo, para qué te está sirviendo. Si
comprendes a qué tienes miedo y porqué, sólo te hace falta motivación para
conseguir lo que te propongas.
Algunas cosas
nos dificultan esta tarea, como autoinstucciones
negativas o autosabotaje, creencias
y prejuicios que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida. Seguramente,
si confías en ti mismo te verás más capaz de afrontar esos miedos. En cambio si
tu autoestima es baja, aumentará el
autosabotaje.
La culpa es otro de los motivos que nos
bloquean para hacer cosas nuevas o enfrentar situaciones diferentes. Hay ideas
que nos bombardean y no nos dejan ver que tenemos derecho a buscar ayuda (no
tenemos porqué resolver los conflictos siempre solos), a que podemos equivocarnos (
es la mejor forma de aprender), a que no tenemos que saberlo todo, a que podemos darnos un tiempo para conseguir nuestros objetivos...
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