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miércoles, 2 de mayo de 2012

En la zona de confort no aprendo

En las clases de seguridad privada, hablamos sobre el sentimiento de seguridad/inseguridad que tenemos las personas y me hace reflexionar sobre varios aspectos.

La sensación o sentimiento de seguridad e inseguridad es una valoración totalmente subjetiva que realiza cada persona en una situación determinada. Dos personas pueden estar viviendo la misma situación y para una puede ser potencialmente peligrosa o de riesgo y para otra no serlo. Por tanto, dependerá de mis experiencias y aprendizajes, valores y prejuicios.

¿Que cosas, personas o situaciones nos hacen sentir inseguros? Aquellas que nos hacen sentir que no tenemos el control, aquellas que nos hacen salir de nuestra zona de confort, y nos requieren un esfuerzo adicional para adecuarnos a los requerimientos del entorno.

La zona de confort nos permite clasificar y ordenar nuestro entorno y los estímulos masivos que recibimos constantemente. Nos permite realizar precesos relativamente complejos, basándonos en los conocimientos adquiridos, memorizarlos y automatizarlos.

Salir de nuestra zona de confort nos cuesta un esfuerzo que bien canalizado se puede convertir en nuevo aprendizaje. Pero si no somos capaces de orientar adecuadamente esta salida de la zona de confort es cuando nos sentimos inseguros, con miedos, ansiedad, fobias, pánico, etc.

Es entonces cuando solemos adoptar conductas raras, empezamos a evitar ciertas situaciones, personas o cosas. Por ejemplo, si he salido a la calle un día que no me encuentro bien, tengo febrícula, estoy cansado, un poco mareado y destemplado (tan pronto tengo frío como de puedo tener calor, sin motivo externo) y a pesar de todo, me voy a trabajar, a comprar, etc. Entro en un centro comercial, y empiezo a fijarme que no me encuentro muy bien, se me hace pesado estar mirando escaparates y además estoy muy preocupada con mis problemas y estoy todo el rato pensando que lo que hago no me gusta y que nada me llena y que encima no soy capaz de cambiar mi vida, que no soy capaza de dirigirla como yo quisiera, que no soy capaza de nada, que en realidad he fracasado en la vida porque solo tengo un trabajo que me pagan poco y tengo que trabajar muchas horas......

Si se dan las condiciones idóneas, con estos pensamientos, en un entorno como un centro comercial en el que puede haber mucha gente, con un componente fisiológico, puedo desarrollar un miedo a entrar en lugares dónde haya mucha gente, porque no me siento segura.

Los hábitos saludables que nos pueden ayudar a evitar estas y otras situaciones parecidas están relacionados con cuidarnos tanto física como psicológicamente:
- Resolver nuestros conflictos, orientándonos a encontrar soluciones, dirigidos a una acción y con un objetivo concreto.
- Controlar nuestros pensamientos cuando entramos en fase de autodestrucción
- Saber relajarnos y no asustarnos si nos encontramos mal físicamente en un entorno que es difícil que alguien nos pueda ayudar (si hay mucha gente, si es un lugar cerrado que no se puede pedir ayuda externa....).
- Saber que podemos pedir ayuda, aunque nos de vergüenza o tengamos miedos.
- Darnos cuenta de cómo hemos llegado a esa situación y que podemos hacer para mejorarla.

¿Te has encontrado en la necesidad de salir de tu zona de confort en el último mes?

miércoles, 5 de octubre de 2011

Prejuicios


Los prejuicios y las creencias son aspectos necesarios en nuestras vidas porque nos protegen de las situaciones nuevas, de las personas que no conocemos y nos ayudan a crear patrones y ordenar la diversidad de estímulos que nos rodean constantemente. Pero si nos dejamos llevar por ellos ciegamente, podemos cometer graves errores,  perder oportunidades, generar conflictos y sobre todo crearnos malestar al no ser capaces de aceptar la realidad que nos rodea.

Los prejuicios, las creencias, las experiencias, los valores, los hábitos, son elementos que guardamos en nuestra mochila particular y tiñen de un color u otro, todos nuestros actos, conductas y emociones.

Frases como “siempre hay que estar al 100%”, “la casa siempre tiene que estar limpia y recogida”, “tengo que dar mucho amor para que me quieran”, “si no hago lo mismo que ellos pensarán que soy raro”, “no puedo soportar estar solo”, “si me deja me moriré”, “tengo que ser perfecta para dar ejemplo”, “no necesito la ayuda de nadie, yo solo puedo con todo”, marcan nuestra vida y muchas veces nos hacen profundamente infelices, por no decir que nos hacen caer en la enfermedad.

Ser tolerante con los demás  es beneficioso porque nos ayuda a ejercitar la capacidad de aceptar que no todo el mundo tiene porqué actuar o pensar como uno mismo.

La flexibilidad nos ayuda a adaptarnos a esa diversidad, permite que exista una gama de colores en lugar de que exista el blanco y el negro únicamente.

La empatía podemos utilizarla para saber cómo piensan y sienten los demás, afectando y cambiando el color del cristal con que se mira una realidad.

No sólo el mundo sería mucho mejor si todos practicáramos estos hábitos emocionales tan saludables, si no que nosotros seríamos más felices, ya que estaríamos en mejorada armonía con nuestro entorno social.
Aceptemos pues, que somos animales sociales y que nuestra realidad es la que es. No esperemos que nadie venga a salvarnos ni a hacernos felices, porque el cambio siempre se da desde dentro de cada uno de nosotros.

Por cierto, nadie dijo que fuera fácil ;-)

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las ventajas de la rutina


Cuando volvemos de las vacaciones de verano, toca volver a la rutina. Es el peor momento para plantearse inmediatamente nuevos retos, es mejor que hayamos entrado en la rutina, que nos hayamos acostumbrado a los horarios, a las comidas, al ritmo acelerado, pocas horas de sueño, alimentación rápida, etc.

Una vez estemos acostumbrados al ritmo que llevaremos en los próximos meses, es cuando podremos decidir cuando tenemos tiempo libre, deberemos valorar cuanta energía necesitaremos para la nueva actividad, podremos planificarla e incluso probarla unos meses.

Si somos capaces de adaptarla a nuestra rutina, podremos establecerla como una actividad fija. Si no es así, quizá hemos de cambiar el horario, el día, o el lugar, o incluso la actividad.

Dicho así parece que hay que hacer demasiadas cosas antes de hacer nada, pero es un hábito que vale la pena cultivar ya que nos podemos ahorrar frustraciones, dinerito, y esfuerzos. Me refiero sobre todo a actividades como ir al gimnasio, apuntarse a clases de inglés, que lo percibimos como algo necesario, aunque no siempre nos apetece mucho hacer. Es mejor buscar la actividad que se adapta a nuestra forma de ser y ritmo.

Cuando hablamos de enfrentarnos a nuevas situaciones laborales, familiares, sociales, lo ideal es poderlas preparar, asimilar e incluso visualizar, pero si no puede ser, es posible que nos cueste afrontarlas porque lo primero que nos va a pasar es que vamos a sentir miedo. Miedo al cambio, miedo a las cosas nuevas, miedo a salir de nuestra zona de confort, miedo a no controlar la situación, a las críticas, a perder comodidad, a tener que esforzarnos más,

La forma de afrontar el miedo es “ir hacia el”, o sea, hacer justamente aquello que te da miedo, incluso se utiliza para el tratamiento de las fobias de forma controlada (desensibilización sistemática). Aunque una forma más sencilla de enfrentarte a lo que te da miedo, es saber porqué te da miedo, para qué te está sirviendo. Si comprendes a qué tienes miedo y porqué, sólo te hace falta motivación para conseguir lo que te propongas.

Algunas cosas nos dificultan esta tarea, como autoinstucciones negativas o autosabotaje, creencias y prejuicios que vamos acumulando a lo largo de nuestra vida. Seguramente, si confías en ti mismo te verás más capaz de afrontar esos miedos. En cambio si tu autoestima es baja, aumentará el autosabotaje.

La culpa es otro de los motivos que nos bloquean para hacer cosas nuevas o enfrentar situaciones diferentes. Hay ideas que nos bombardean y no nos dejan ver que tenemos derecho a buscar ayuda (no tenemos porqué resolver los conflictos siempre solos), a que podemos equivocarnos ( es la mejor forma de aprender), a que no tenemos que saberlo todo, a que podemos darnos un tiempo para conseguir nuestros objetivos...